LA COMUNICACION CON UN ADOLESCENTE

La adolescencia es un momento del desarrollo complicado. Ni se es lo suficientemente adulto para ser independiente, ni se sigue siendo un niño para que las antiguas normas del hogar permanezcan invariables. Irreverencias, irascibilidad, enfados, dificultades para escuchar las opiniones de sus padres y comunicarse con ellos…

El adolescente es un volcán emocional que está construyendo su identidad, que aún piensa en ocasiones que el mundo gira en torno a él, y que suele tener poca capacidad de autocrítica y baja tolerancia a la frustración. Mientras seguimos educándoles, necesitan que les demostremos nuestro cariño, que consensuemos normas, que flexibilicemos límites, que no les ahoguemos con nuestras expectativas o juicios de valor y sobre todo necesitan grandes dosis de afecto.

Y todo esto mezclado con sus frecuentes encierros en la habitación, horas tras la pantalla del móvil, escupiendo cuestionamientos y desafíos y escondiéndose tras sus silencios o respuestas monosilábicas de “si” o “no”.

En este contexto, resulta necesario tener en cuenta algunas orientaciones para lograr una mejor comunicación con ellos.

¿Cómo podemos conseguir una comunicación eficaz con nuestros hijos?

  1. Seamos conscientes de nuestras propias emociones y estados de ánimos. Si nosotros no estamos bien, ellos tampoco lo estarán.
  2. Hablemos con ganas de entendernos, sin interrogaciones, ironías, tonos acusativos o comparaciones. Con un lenguaje lleno de respeto y grandes dosis de afectividad. Tengamos siempre muy presentes las características propias de la etapa que están viviendo.
  3. Busquemos espacios diarios para poder hablar sin prisas, donde podamos compartir aquello que nos preocupa o nos ilusiona de forma distendida. Respetemos la intimidad que necesitan, sus ritmos vitales, dejémosles que experimenten sin sentirse vigilados. Aceptemos que no siempre querrán hablar cuando nosotros lo propongamos.
  4. La escucha atenta y activa debe ser la base de nuestra comunicación. Abramos conversaciones bidireccionales, eliminemos los gritos que distancian, ayudemos a nuestros hijos a reconocer sus emociones y a gestionarlas correctamente. Pidamos disculpas cuando nos equivoquemos.
  5. Cuando veamos que la conversación con ellos se vaya complicando y estemos a punto de perder el control, dejemos tiempo para serenarnos evitando así decir improperios. Retomemos la conversación cuando hayamos recuperado la calma hablando de las emociones que hemos sentido y reflexionando acerca de lo ocurrido.
  6. Mostremos interés por todo aquello que les gusta y demos importancia a todo lo que nos cuentan. Mostrarnos cercanos y disponibles nos ayudará a abrir nuevos canales de comunicación. Utilizar interjecciones como “ya veo” o “vaya” nos permitirá demostrarles que les prestamos atención.
  7. Seamos el mejor de los ejemplos a la hora de gestionar los conflictos, de controlar nuestra ira, pactemos fórmulas asertivas que satisfagan a ambos lados. Controlemos nuestros impulsos escuchando sus quejas con cariño, valorando sus propuestas, mostrándonos empáticos con sus preocupaciones. Convirtámonos en un modelo de respeto, amor y comprensión.
  8. Aceptemos a nuestros hijos tal y como son, apreciando todo lo bueno que tienen fortaleciendo así su autoestima. Un adolescente con una sana autoestima se respeta, valora y toma decisiones de forma autónoma. Valoremos todos los esfuerzos que realizan con palabras que empoderen.
  9. Dejémosles que tomen sus propias decisiones para que vayan diseñando su propio camino. Asumamos que a menudo se equivocarán, enseñémosles que el error es imprescindible para aprender. Mostrémosles que confiamos en ellos, eliminemos de nuestras conversaciones los reproches o los juicios de valor sobre sus conductas.
  10. Compartamos con ellos todo aquello que sentimos, nos gusta o nos preocupa. Expliquémosles nuestros retos o dificultades, compartamos con ellos nuestro día a día, hagámosles partícipes nuestra forma de ver la vida. Ofrezcámosles realizar actividades juntos que fortalezcan nuestra relación.
  11. Repitámosles a diario que estamos a su lado de forma incondicional, pase lo que pase, hagan lo que hagan sin juicios. Creando vínculos de confianza, estableciendo lazos íntimos y auténticos que creen el ambiente idóneo para expresarse libremente.
  12. Mostrémonos cariñosos y con mucho sentido del humor. Nuestros hijos han crecido mucho pero aún necesitan sentirse protegidos con nuestros abrazos y besos. Utilicemos el WhatsApp para enviarles mensajes que creen complicidad.

Gracias a Sonia López  por sus aportaciones. 

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