Cuando un niño tiene dificultades con una tarea, el impulso de muchos padres es intervenir: “dame que te ayudo”, “esto se hace así”, “espera que te lo explico”, “trae, déjame que te lo haga”… Y al final puede acabar entregando una tarea perfecta, pero sin haber aprendido a resolverla.
Y a medida que va avanzando cursos, se nota que no tiene buena base académica, ni confianza para desarrollarla, porque hasta ahora ha aprendido que, para hacer los deberes, o al menos los difíciles, necesita ayuda, porque él solo no puede.
Y es que, si ayudamos mal, frenamos su autonomía y su desarrollo, porque al final aprenden que no necesitan pensar.
Uno de los errores es tener que estar encima de ellos para que empiecen a hacer la tarea. Si no sale de ellos, lo que entienden es que no es su responsabilidad. Y para que empiecen ellos hay que instalar el hábito desde pequeños: fijar un horario de deberes/estudio y que durante el mismo no haya distracciones, ese espacio es sin pantallas. Y después de los deberes, llega el ocio, no antes.
Otro fallo que veo es la tendencia a explicárselo todo antes de que pueda pensarlo. Esa ayuda inmediata reduce el esfuerzo cognitivo que tienen que hacer, porque si le damos la respuesta, no la van a pensar, ya hacen el esfuerzo otros por ellos. Si no entienden algo, es mejor que lo intenten resolver a su manera, desde lo que entiendan, que hagan el esfuerzo; y si luego está mal, se les explica por qué, pero no antes. Se aprende de los errores.
Tampoco es bueno interrumpirles en mitad del ejercicio si se han equivocado, hay que dejarles llegar hasta el final, que vean que el error es parte del proceso, no algo a evitar, porque entonces podrían empezar a evitar el esfuerzo.
También está el error de ser su agenda, recordándoles todo. Que si ya han hecho mates, que si han estudiado para el examen de inglés y que cómo van con el trabajo de historia. Si nos convertimos en su agenda externa permanente, no entrenan su memoria ni su planificación, no va a poder organizar su estudio sin depender de alguien. Quizás pueda ser útil ofrecerles un calendario donde pueda verse bien los plazos y preguntarles cómo se organizarían.
Si alguna tarea les cuesta tenemos que reforzar que lo intenten, “entiendo que te está costando”, “parece difícil”, “mira de hacerlo como tú crees que es y luego lo miramos”. Porque lo importante es que desarrollen confianza en ellos mismos, y por supuesto todo este proceso sin enfados, sin perder los nervios. Porque esa actitud tampoco les ayuda.
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