Si padeces de TLP (Trastorno Límite de la Personalidad) o conoces a alguien que lo tenga, reconocerás esta secuencia:
Ante sentimientos de vacío y soledad muy intensos y difíciles de manejar, la persona con TLP se aferra de nuevo a una pareja, quizás incluso un antiguo ex. E idealiza la relación, “seguro que ahora sí”, “esta vez será diferente”.
Tras la idealización, llega de nuevo el desencanto, por cualquier mínimo detalle, que la persona con TLP va a vivir como un rechazo emocional muy intenso. “Tarda mucho en responder el wasap, ya no le importo”, “me dijo que íbamos a quedar hoy y ha cambiado de planes porque tenía otra cosa, no quiere estar conmigo”.
Y entonces llega la crisis, el drama se repite. La persona con TLP vive un malestar muy intenso, un miedo atroz al rechazo y al abandono, y castiga con su silencio, con reproches, con enfados muy fuertes… al mismo tiempo que sufre intensamente porque solo desea que todo pase y recibir el abrazo más fuerte posible.
Y ante esta situación, la pareja acude al rescate, cual caballero en armadura, haciendo promesas de no volver a fallar nunca, para evitar el conflicto y el malestar, promesas que no pueden cumplirse, porque volverá a ocurrir.
Y en la enésima repetición, la pareja, agotada, romperá la relación y la persona con TLP volverá a empezar su ciclo, con una nueva vivencia de soledad y vacío tan intensos que resultan difíciles de manejar. Y esto es extrapolable también a sus relaciones de amistad o familiares.
Hay que romper este círculo vicioso. Es mejor un mínimo de relación social, sin entrar en esos análisis del otro, que la soledad.
Foto de Pavel Danilyuk: https://www.pexels.com/es-es/foto/mujer-sentado-emocion-triste-8057066/
