Esta situación es de las más difíciles de manejar, porque no es un desacuerdo negociable. No es como decidir en qué localidad vivir, en qué casa o qué coche comprar. Aquí no se puede probar a ver.
Yo empezaría preguntándome los siguientes puntos:
El miembro de la pareja que no quiere, ¿no quiere ahora, en este momento, o es algo que puede decir no va a querer nunca? Esta parte de la pareja, la que no quiere, ¿puede sentirse bien en la relación sabiendo que está haciendo que la otra parte renuncie a algo que sí quiere, y mucho? ¿Cómo sería esa relación?
Y la parte que si quiere tener hijos, ¿se sentiría bien en una relación donde ha forzado a la otra parte a aceptar algo que no quiere? ¿Le importa más tener el hijo o la pareja?
Estas preguntas suelen salir en sesión cuando se da esta situación.
Cuando la crisis de pareja es por este punto, no conviene alargar la ambigüedad. Hay que ser claros. Hay que atreverse a decir, “te quiero, pero no quiero ser padre/madre”, o “te quiero, pero quiere ser padre/madre, y contigo no puede ser”. Esta incompatibilidad de proyecto vital puede erosionar mucho una relación de pareja. Nadie está obligado a ser padre/madre para sostener una relación de pareja.
Yo también me preguntaría lo siguiente: si mi pareja me deja porque no quiero tener hijos, ¿me dolería más la ruptura o el hecho de ser padre/madre “a la fuerza”? Y al revés, ¿me dolería más perder la relación o el hecho de renunciar a ser padre/madre? Muchas veces, es la pregunta que despeja la respuesta.
También puede ser que existan preocupaciones en temas como el tiempo libre que nos puede quedar, desacuerdos educativos en la crianza, el papel de la familia de cada miembro… que puedan estar bloqueando la decisión. En este caso, conviene poner sobre la mesa esas preocupaciones y trabajarlas.
Foto de arvin latifi: https://www.pexels.com/es-es/foto/hombre-pareja-mujer-calle-6542537/
