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Jul102012

ESQUIZOFRENIA

Escrito por Jorge Gonzalvo
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La esquizofrenia tiene su inicio al final de la adolescencia o al principio de la vida adulta. Es una enfermedad crónica y grave, que cursa con episodios que requieren hospitalización por la gravedad de sus síntomas; estos episodios se los conoce como "brotes psicóticos".

Los síntomas característicos de la esquizofrenia son la presencia de:

  • ideas delirantes (p.ej. de referencia, donde la persona tiene la convicción de que todos hablan de él y le critican)
  • alucinaciones (p.ej. voces que comentan lo que la persona piensa, o varias voces que hablan entre ellas; también alucinaciones visuales, olfativas, táctiles...)
  • lenguaje desorganizado (p. ej. descarrilamiento frecuente o incoherencia)
  • comportamiento catatónico o gravemente desorganizado
  • síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia

Estos síntomas suponen una disfunción sociolaboral importante, soliendo estar presente también una falta de cuidado e higiene personal. Se necesita un mínimo de seis meses con la sintomatología para realizar el diagnóstico. Por lo general, suele estar presente la sintomatología negativa (aquello que está "de menos"), es decir, la falta de actividad, desmotivación, falta de expresividad emocional... Y en los momentos de brote la sintomatología positiva (aquello que está "de más") le toma el relevo, es decir, cobran fuerza las alucinaciones y los delirios.

La medicación antipsicótica suele eliminar o reducir los síntomas positivos, dejando intactos o aumentando los negativos.

La esquizofrenia puede ser de tipo paranoide (caracterizada por ideas delirantes y alucinaciones auditivas, sin lenguaje desorganizado, comportamiento catatónico ni aplanamiento afectivo, y siendo el contenido del delirio la idea de ser perseguido-criticado por los demás), desorganizada (con predominio del lenguaje y comportamiento desorganizado, y una afectividad plana, soliendo estar ausente la sintomatología positiva), catatónica (con síntomas de inmovilidad motora, catalepsia, rigidez... o su contrario, es decir, una gran agitación motora sin propósito alguno, así como negativismo extremo, movimientos y posturas extrañas, del tipo balanceos, muecas, o posturas forzadas y rígidas, y también ecolalia o ecopraxia, que consiste en un lenguaje repetitivo). Otros tipos "menores" son el indiferenciado o el residual.

Las personas esquizofrénicas además sufren emociones negativas por su enfermedad, tales como depresión, ansiedad, ira, ideación-conducta suicida, deterioro cognitivo en las áreas de la atención, memoria y pensamiento abstracto, y déficit en el funcionamiento social y en las relaciones interpersonales.

El tratamiento debe ser farmacológico y psicoterapia, combinando ambas modalidades. La psicoterapia se centra en reducir las fuentes de estrés, que agravan la sintomatología, y en potenciar habilidades de afrontamiento. Hay que tener presente que la esquizofrenia no se cura nunca totalmente, pero sí que puede lograrse un mayor ajuste y reducir la gravedad de los síntomas.

Los pillares de la terapia psicológica son dos: la familia y el paciente. A nivel familiar se trabajan aspectos como pautas de orientación para los momentos de brote de la enfermedad, así como habilidades de solución de problemas y de comunicación en el contexto familiar. A nivel individual se trabajan habilidades sociales con el paciente, para reducir su ansiedad, depresión y mejorar relaciones sociales. También se trabajan otros síntomas tales como la ira, la ideación suicida, las voces/alucinaciones auditivas, y las ideas delirantes. Así mismo puede ser necesario trabajar el abuso de sustancias, que suele estar presente en estos pacientes. También se emplean técnicas para potenciar el autocuidado personal y la autonomía.

Última actualización el Jul102012

En la entrada correspondiente a los trastornos del estado de ánimo comentamos la diferencia entre los dos tipos de trastorno bipolar que se distinguen, el tipo 1 y el tipo 2. Básicamente la diferencia es la gravedad: en el tipo 1 hay un mayor deterioro, puede requerirse de hospitalización y pueden haber síntomas psicóticos, jugándose el desarrollo del trastorno entre un episodio maniaco o un episodio mixto (maniaco y depresivo). El tipo 2 presenta un mayor ajuste, no suele requerir hospitalización ni hay sintomatología psicótica, y se basa en un episodio hipomaniaco.

El trastorno bipolar es una enfermedad crónica, anteriormente conocida como psicosis maniaco-depresiva, que cursa con altibajos emocionales muy extremos, pasando de la euforia/manía a la depresión/disforia, alternándose. Los cambios emocionales son recurrentes y sin el tratamiento adecuado cada vez se suceden más rápidamente, con menos espacio de un ánimo normal entre ellos.

Los pacientes bipolares tienen la sensación de estar fuera de control (fuera de sí), de no poder controlar nada, presentan la experiencia de ser altamente vulnerables y es una de las enfermedades psíquicas con mayor tasa de suicidio.

Los episodios depresivos suelen ser más conscientes para el enfermo, y pasan más desapercibidos a los allegados; en cambio con los episodios maniacos sucede a la inversa: son los demás quienes los detectan y uno mismo quien no los reconoce. Los episodios maniacos suelen acompañarse de ideas de referencia, de tipo paranoide, y/o de ideas delirantes, sobre todo de grandiosidad. Esto les lleva a querer abarcar muchas actividades, a iniciarlas y comprometerse en ellas, pero no pueden abarcarlas todas, resultan excesivas; pasado el periodo de euforia pueden darse cuenta y abandonar algunas de ellas o entrar en fase depresiva y sentirse muy mal por no llevarlas a cabo.

Una señal habitual del cambio de ánimo es la alteración en el sueño, una mayor o menor necesidad de dormir suele ser un indicador fiable de que se pasa a fase depresiva o maniaca respectivamente.

La terapia, para un trastorno crónico, debería ser continuada, mantenerse durante toda la vida, si bien llega un momento en que bastan con sesiones mensuales de seguimiento y prevención de recaídas (salva que ocurra una nueva crisis y deba retomarse puntualmente una continuidad mayor). Además debe combinar la farmacoterapia (básicamente el litio) con la psicoterapia. Este proceso terapéutico frena la mayoría de brotes y permite llevar una vida normalizada, sin embargo muy pocos pacientes lo aceptan, prefiriendo abandonar la terapia y mantenerse sólo con medicación, lo que les priva de habilidades para enfrentarse a los brotes por ellos mismos.

La psicoterapia para el trastorno bipolar incluye: orientaciones educativas (información) sobre el trastorno y su tratamiento, tanto para el enfermo como para su familia; aprender a detectar los síntomas y reconocerlos (tanto para tomar consciencia de la enfermedad y no negarla, como para detectar las recaídas con margen suficiente para actuar sobre ellas), la representación gráfica de la historia vital del paciente, de su trastorno y la hoja resumen de los síntomas; trabajar la adherencia al tratamiento previendo las dificultades que puedan surgir y trabando sobre ellas; seguimiento de síntomas asociados como ansiedad, vergüenza y otros; restructuración cognitiva, técnicas de control de estrés psicosocial, y finalmente habilidades de solución de problemas y habilidades sociales enfocadas al día a día del paciente. Con este trabajo se puede lograr que el paciente recupere un equilibrio afectivo en su vida.

Última actualización el Jun292012
   
Jun182012

Uno forma de entender la depresión es pensarla desde una frecuencia reducida de conducta: dado que la persona no encuentra ningún beneficio en realizarla, cree que no sirve para nada hacerlo, y cada vez lo hace menos. Poco a poco esto se va extendiendo a otras conductas y abarca cada vez una mayor parte de la vida de la persona. Así p.ej. alguien puede dejar de prepararse unas oposiciones porque no ve resultados positivos en ello, puede pasar a dejar de leer cualquier cosa, aunque no tenga que ver con los estudios, a continuación deja de realizar sus tareas habituales (limpiar la casa, hacer la compra, arreglar el coche...) y puede ir abandonando cada vez más actividades, cayendo en un estado de inhibición propio de los episodios depresivos. Hay que tener también presente que el estado de ánimo depresivo puede deberse a un exceso de experiencias aversivas o negativas, y no sólo a la falta de refuerzos positivos ante las conductas realizadas.

Esta situación resulta difícil de manejar en la familia. Cuando un miembro de la unidad familiar sufre una depresión, los demás miembros no saben bien cómo reaccionar, porque la situación es desconcertante: la persona que sufre depresión expone sus quejas y sus dificultades, y los demás miembros se vuelcan en intentar proporcionar una ayuda y un apoyo sinceros, pero a medida que pasa el tiempo la conducta de la persona deprimida se vuelve cada vez más exigente, con lo que al final sus allegados acaban sintiendo esta situación como un ataque, emocionalmente sienten el deseo de ayudar pero también sentimientos de resentimiento y enfado, y para complicarlo también se sienten culpables e impotentes ante la situación. Cuando se ha llegado a este punto, la persona deprimida, que tiene una enfermedad que hace que se centre más en lo negativo que en lo positivo, deja de percibir la ayuda sincera y básicamente sólo es capaz de ver la hostilidad disimulada, los enfados y la falta de apoyo y comprensión, lo que la hace actuar acentuando su síntomas y esto a su vez vuelve más aversivo para la familia el interactuar con el miembro enfermo. Las familias suelen quedar encalladas en este círculo vicioso.

Para acabar de complicar la situación, la persona deprimida sí que recibe un refuerzo claro: a nivel social percibe la preocupación, el interés y la simpatía que puede generar su situación, lo que desafortunadamente viene a reforzar su enfermedad.

Quien sufre una depresión, además del sesgo hacia la percepción de lo negativo ya comentada, suele tener pensamientos basados en etiquetas generales ("siempre es lo mismo", "nunca lo hago bien", "nunca lo superaré", "nadie me entiende"...) con gran dificultad para ver las excepciones a esos mensajes negativos que él mismo se manda. Además presenta otro sesgo en el pensamiento, ya que infravalora sus logros ("no tiene importancia", "era fácil", "eso no supone nada", "me ayudaron"...) y maximiza sus errores y dificultades ("lo hice todo mal", "no me esforcé nada", "no sé hacerlo, no tengo habilidad"...).

Para llegar a esta inhibición conductual de la que venimos hablando, han tenido que darse unos acontecimientos previos. A modo de esquema podemos entender que hay unos desencadenantes de la depresión; estos pueden ser a nivel "macro", p.ej. acontecimientos estresantes negativos en general, como perder el trabajo, o a nivel "micro", p.ej. los pequeños conflictos diarios que a base de repetirse pueden acabar haciendo mella. Estos desencadenantes, que podemos entenderlos como factores estresantes, afectan a la forma que tiene la persona de interaccionar con los demás, perturbando las relaciones personales, sociales y laborales de tal modo que se reducen los refuerzos y apoyos que existían previamente y aumentan las experiencias aversivas, y esto sucede en un momento en que la persona presenta una elevada consciencia de si mismo, lo que hace que resalten los sentimientos de fracaso, inutilidad, y de que nada vale la pena, y es aquí cuando la depresión puede cronificarse.

Tras haber realizado una correcta evaluación de la persona deprimida, el tratamiento se centra sobre todo en aumentar las conductas que le proporcionen momentos positivos, en la restructuración cognitiva, habilidades sociales y habilidades de solución de problemas, que puede ser conveniente aplicar primero en exposición en imaginación y posteriormente como ensayo conductual. Estas técnicas deben aplicarse en un orden determinado y en combinación con otras.

 

Última actualización el Jun182012
   
Jun042012

TRASTORNOS DEL ESTADO DE ANIMO

Escrito por Jorge Gonzalvo
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El actual sistema de clasificación de los trastornos del estado de ánimo es muy completo y puede resultar complicado tratar de sintetizarlo con todas las categorías que se llegan a establecer. Intentaré ofrecer una versión sucinta de los mismos, centrándome en los elementos clave que permiten su diagnóstico y las principales diferencias entre ellos. Próximamente habrá una segunda entrada donde profundizaremos más en algunas de las características de estos trastornos y comentaremos brevemente algunas de las técnicas de tratamiento.

Para poder diagnosticar uno de los trastornos del estado de ánimo existentes debemos evaluar antes la presencia o ausencia de determinados episodios afectivos, de los que distinguimos cuatro tipos.

I. Criterios para el episodio depresivo mayor

A. Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un período de 2 semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser 1 estado de ánimo depresivo o 2 pérdida de interés o de la capacidad para el placer.

Nota: No se incluyen los síntomas que son claramente debidos a enfermedad médica o las ideas delirantes o alucinaciones no congruentes con el estado de ánimo.

1. estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej. se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej. llanto). En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable
2. disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás)
3. pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso, o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables
4. insomnio o hipersomnia casi cada día
5. agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido)
6. fatiga o pérdida de energía casi cada día
7. sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo)
8. disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena)
9. pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse

B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto.

C. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o una enfermedad médica (p. ej., hipotiroidismo).

E. Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la pérdida de un ser querido), los síntomas persisten durante más de 2 meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor.

II. Criterios para el episodio maníaco

A. Un período diferenciado de un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, que dura al menos 1 semana (o cualquier duración si es necesaria la hospitalización).

B. Durante el período de alteración del estado de ánimo han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo:

1. autoestima exagerada o grandiosidad
2. disminución de la necesidad de dormir (p. ej. se siente descansado tras sólo 3 horas de sueño)
3. más hablador de lo habitual o verborreico
4. fuga de ideas o experiencia subjetiva de que el pensamiento está acelerado
5. distraibilidad (p. ej. la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes)
6. aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios, o sexualmente) o agitación psicomotora
7. implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (p. ej. enzarzarse en compras irrefrenables, indiscreciones sexuales, inversiones económicas alocadas o comprometerse en varias actividades al mismo tiempo)

C. Los síntomas no cumplen los criterios para el episodio mixto.

D. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave como para provocar deterioro laboral o de las actividades sociales habituales o de las relaciones con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos.

E. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p.ej. una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).

Nota: Los episodios parecidos a la manía que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I (basado en el episodio maníaco o en el mixto).

III. Criterios para el episodio mixto

A. Se cumplen los criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor (excepto en la duración) casi cada día durante al menos un período de 1 semana.

B. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave para provocar un importante deterioro laboral, social o de las relaciones con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos.

C. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej. una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a enfermedad médica (p. ej. hipertiroidismo).

Nota: Los episodios parecidos a los mixtos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I (basado en el episodio maníaco o en el mixto).

IV. Criterios para el episodio hipomaníaco

A. Un período diferenciado durante el que el estado de ánimo es persistentemente elevado, expansivo o irritable durante al menos 4 días y que es claramente diferente del estado de ánimo habitual.

B. Durante el período de alteración del estado de ánimo, han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo:

1. autoestima exagerada o grandiosidad
2. disminución de la necesidad de dormir (p. ej. se siente descansado tras sólo 3 horas de sueño)
3. más hablador de lo habitual o verborreico
4. fuga de ideas o experiencia subjetiva de que el pensamiento está acelerado
5. distraibilidad (p. ej. la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes)
6. aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios o sexualmente) o agitación psicomotora
7. implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (p. ej. enzarzarse en compras irrefrenables, indiscreciones sexuales, inversiones económicas alocadas o comprometerse en varias actividades al mismo tiempo)

C. El episodio está asociado a un cambio inequívoco de la actividad que no es característico del sujeto cuando está asintomático.

D. La alteración del estado de ánimo y el cambio de la actividad son observables por los demás.

E. El episodio no es suficientemente grave como para provocar un deterioro laboral o social importante o para necesitar hospitalización, ni hay síntomas psicóticos.

F. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej. una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad médica (p. ej. hipertiroidismo).

Nota: Los episodios parecidos a los hipomaníacos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben diagnosticarse como trastorno bipolar II (basado en la presencia del episodio hipomaníaco).

A partir de la presencia o no de estos episodios afectivos podemos diagnosticar un trastorno del estado de ánimo. Así p.ej. podemos hablar de los trastornos depresivos, donde diferenciamos entre trastorno depresivo mayor (donde sólo se ha dado uno o más episodios depresivos, sin ningún otro tipo de episodio afectivo) o el trastorno distímico (que cursa también únicamente con la presencia del episodio depresivo, pero que podemos entender, a grandes rasgos, como que hubo un episodio depresivo hace tiempo y que no se ha resuelto bien, de modo que sus consecuencias aún están presentes).

Otra categoría que encontramos son los trastornos bipolares, donde diferenciamos el tipo I y el tipo II. El trastorno bipolar tipo I se concibe sobre todo por la presencia de un episodio maniaco (sin episodio depresivo previo) o de un episodio mixto (episodio depresivo y episodio maniaco). El trastorno bipolar tipo II se define por la presencia de un episodio hipomaniaco (han podido existir episodios depresivos mayores previos, pero no un episodio maniaco). También existe el trastorno ciclotímico, que cursa con síntomas hipomaníacos y síntomas depresivos, pero sin poder llegar a diagnosticarse claramente estos trastrornos.

Finalmente cabe destacar que algunos de estos episodios puede aparecer tras el parto (lo que se conoce como depresión post-parto, pero también pueden darse episodios maníacos tras el mismo).

Última actualización el Jun042012
   
May262012

Los trastornos del control de los impulsos pueden aparecer en cualquier cuadro clínico, p.ej. en los trastornos de alimentación. Sin embargo, hay un grupo de ellos que han adquirido entidad propia y han acabado reconociéndose bajo el nombre de trastornos del control de los impulsos. Sus características son la incapacidad para controlar un impulso, que se presenta como irresistible y que acaba desembocando en la realización de la conducta que supone la satisfacción del impulso. Antes de llevar a cabo la acción hay un aumento de la tensión emocional, unos niveles elevados de activación, que resultan insoportables y que generan muchísima ansiedad y malestar. La persona sólo sabe encontrar alivio a esta tensión emocional satisfaciendo el impulso, lo que supone una sensación placentera, liberadora y de bienestar. Sin embargo, después de haber conseguido calmarse realizando la conducta impulsiva se ven invadidos por sentimientos de culpa y un fuerte arrepentimiento. Esta situación es cíclica de modo que las personas se ven atrapadas en un círculo vicioso de difícil salida.

Entre los TCI destacan:

Juego Patológico: Comportamiento de juego desadaptativo, persistente y recurrente. Algunas de las características (se necesita un mínimo de cinco para establecer el diagnóstico) que pueden acompañar al juego patológico son: 1. preocupación por el juego (p. ej. preocupación por revivir experiencias pasadas de juego, compensar ventajas entre competidores o planificar la próxima aventura, o pensar formas de conseguir dinero con el que jugar), 2. necesidad de jugar con cantidades crecientes de dinero para conseguir el grado de excitación deseado, 3. fracaso repetido de los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego, 4. inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir o detener el juego, 5. el juego se utiliza como estrategia para escapar de los problemas o para aliviar la disforia (p. ej. sentimientos de desesperanza, culpa, ansiedad, depresión), es una forma de evadirse de problemas reales y no afrontarlos, 6. después de perder dinero en el juego, se vuelve otro día para intentar recuperarlo (tratando de "cazar" las propias pérdidas), 7. se engaña a los miembros de la familia, terapeutas u otras personas para ocultar el grado de implicación con el juego, 8. se cometen actos ilegales, como falsificación, fraude, robo, o abuso de confianza, para financiar el juego, 9. se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y oportunidades educativas o profesionales debido al juego y 10. se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la desesperada situación financiera causada por el juego. Esta conducta no puede explicarse mejor por la presencia de otro trastorno, p.ej. no ocurre durante un episodio maníaco.

 

Trastorno Explosivo Intermitente: Se define por la presencia de varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dan lugar a violencia o a destrucción de la propiedad. El grado de agresividad durante los episodios es desproporcionado con respecto a la intensidad de cualquier estresante psicosocial precipitante. Los episodios agresivos no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental  y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia o a una enfermedad médica. Podemos entenderlo como un "cabreo" sin motivo y desproporcionado, como ataques de ira; pensemos p.ej. en una persona que vaya al bar a jugar con sus amigos una partida de dominó y que a veces, sin motivo, le pegue un porrazo a la mesa, tire las fichas, se levante y se vaya.

Cleptomanía: Dificultad recurrente para controlar los impulsos de robar objetos que no son necesarios para el uso personal o por su valor económico (desde este punto de vista, robar algo de valor no se considera cleptomanía, sino conducta delictiva). Existe una sensación de tensión creciente inmediatamente antes de cometer el robo, bienestar, gratificación o liberación en el momento de cometerlo y arrepentimiento y culpabilidad después del mismo. El robo no se comete para expresar cólera o por venganza y no es en respuesta a una idea delirante o a una alucinación, ni se explica mejor por la presencia de un trastorno disocial, un episodio maníaco o un trastorno antisocial de la personalidad.

 

Piromanía: Provocación deliberada e intencionada de un incendio en más de una ocasión, con incremento de la tensión o activación emocional antes del acto. Existe una fascinación, interés, curiosidad acerca de o atracción por el fuego y su contexto situacional (p.ej. les puede gustar vestirse de bomberos o conocer su mundo laboral). Bienestar, gratificación o liberación cuando se inicia el fuego, o cuando se observa o se participa en sus consecuencias. El incendio no se provoca por móviles económicos, como expresión de una ideología sociopolítica, para ocultar una actividad criminal, para expresar cólera o venganza, para mejorar las propias circunstancias de la vida, en respuesta a una idea delirante o a una alucinación, o como resultado de una alteración del juicio (p. ej., en la demencia, retraso mental, intoxicación por sustancias). La provocación del incendio no se explica por la presencia de un trastorno disocial, un episodio maníaco, o un trastorno antisocial de la personalidad.

Tricotilomanía: Arrancamiento del propio pelo de forma recurrente, que da lugar a una pérdida perceptible de cabello. Sensación de tensión creciente inmediatamente antes del arrancamiento de pelo o cuando se intenta resistir la práctica de ese comportamiento. Bienestar, gratificación o liberación cuando se produce el arrancamiento del pelo. La alteración no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental y no se debe a una enfermedad médica (p. ej. enfermedad dermatológica). La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Es habitual que tras el arrancamiento se proceda a comerse el pelo arrancado.

 

Finalmente existe una categoría residual, el trastorno del control de los impulsos no especificado, donde se engloban conductas impulsivas referidas a: rascado compulsivo de la piel (sin explicación orgánica), compras impulsivas, la tendencia a acumular objetos de forma excesiva incluso cuando estos objetos no son útiles y pueden resultar peligrosos (conocido como Síndrome de Diógenes), impulsividad sexual...

El tratamiento para cada uno de estos trastornos varía, aunque siguen pautas similares. Por ejemplo en el caso del Juego Patológico se trabaja estabilizando la conducta de juego, con sesiones separadas para el jugador y para su cónyuge, ampliando el repertorio conductual, con habilidades sociales, restructuración cognitiva, técnicas de exposición y técnicas de prevención de recaídas. Es habitual limitar el acceso al dinero en un primer momento, e irlo recuperando gradualmente a medida que se avanza en la terapia. El Trastorno Explosivo Intermitente se trata con medicación y terapia psicológica para poder retirar la misma; entre las técnicas de psicoterapia destacan: restructuración cognitiva de las creencias irracionales, extinción de respuesta, exposición-desensibilización sistemática y refuerzo de conductas alternativas. En la Cleptomanía se trabaja con las mismas técnicas añadiendo relajación, habilidades sociales y asertividad. En la Piromanía también usamos las mismas técnicas y potenciamos una terapia familiar para buscar nuevos modos de expresión, sesiones educativas y de orientación y habilidades sociales. Finalmente, en la Tricotilomanía, se trabaja con auto registros, entrenamiento en darse cuenta, inversión del hábito, prevención de respuesta, práctica negativa, técnicas de exposición, restructuración cognitiva, para de pensamiento, sobre corrección de respuesta, auto diálogo, técnicas de relajación y respiración, y en el caso de niños con economía de fichas, tiempo fuera y prevención de respuesta.

 

Última actualización el May312012
   

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