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Dic262012

NOMASABUSO.COM

Escrito por Jorge Gonzalvo
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Para aquellas personas con discapacidad intelecutal que hayan sido víctimas de abusos, la Unidad de Atención a Víctimas con Discapacidad Intelectual (UAVDI) ha estrenado una página web ( www.nomasabuso.com ), con información y recursos para este tipo de situaciones.

Última actualización el Dic262012

Para aquellas personas en tratamiento médico por cáncer, la Fundación Josep Laporte y la Universitat Autònoma de Barcelona, han editado esta guía para el manejo de los efectos secundarios del tratamiento, tales como astenia, mucositis, náuseas, vómitos, caída de cabello, alteraciones del peso...

http://www.cuidarse.org.es/docs/cuidarse_folleto.pdf

Última actualización el Sep252012
   
Sep162012

¿CÓMO ES UNA TERAPIA DE PAREJA?

Escrito por Jorge Gonzalvo
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Se considera que una pareja presenta un funcionamiento sano cuando ambas partes se encuentran satisfechas, sienten que aportan en una proporción similar a la pareja y que reciben también en proporción similar en relación a lo aportado. Cuando este equilibrio se ve roto y la satisfacción marital de un miembro, o de ambos, se tambalea, se hace necesaria una intervención psicológica que recupere el equilibrio perdido.

Las principales áreas en que debe mantenerse la equidad y por las que la pareja sufriría un deterioro si se viesen afectadas, son: 1) el área afectiva: los intercambios afectivos, sexuales, comunicación, muestras de compañerismo y de apoyo, 2) el área instrumental: decisiones respecto al cuidado y educación de los hijos, decisiones económicas, laborales, y reparto de tareas domésticas, y 3) subproductos de la relación de pareja, como la apariencia del cónyuge, el tiempo libre de cada uno y el poder tomar decisiones de manera independiente (aquellas que no atañen a la pareja).

 

Cuando la pareja acude a consulta para solucionar sus problemas, la terapia se divide en tres momentos.

El primero de ellos corresponde a la evaluación. Aquí se realiza una entrevista conjunta y una entrevista individual con cada miembro, donde se obtiene la percepción del problema desde el punto de vista de cada cónyuge y por las que conocemos también sus puntos fuertes como pareja.

La segunda etapa corresponde al tratamiento. Éste puede llevarse a cabo de varias maneras, en función de la problemática que presente cada pareja en concreto. Una terapia de pareja “estándar” podría englobar las siguientes áreas:

1) Trabajar el acercamiento afectivo. Es importante centrarse en las cosas buenas que hacen el uno por el otro, estar atento a los detalles positivos y saber observarlos y valorarlos. Esto permite un “alto el fuego”, una especie de pacto de “no agresión mutua” y permite ver a la pareja con otros ojos, sin centrarse sólo en lo negativo. De este modo se cambia la percepción que se tiene del cónyuge y se consigue una base con la que trabajar mejor las dificultades que presentan, además de preparar el terreno para saber entender realmente al otro. Algunas técnicas que se emplean son el registro de conductas agradables, la realización de deseos, el listado de actividades placenteras…

2) Habilidades de comunicación. Es importante saber transmitir de forma clara qué es lo que molesta y porqué, sin emplear mensajes vagos y generalistas, ni acusaciones o reproches que muevan a ponernos a la defensiva en lugar de a intentar solucionar el conflicto. Pueden enseñarse habilidades de habla y de escucha, para lograr una mejor comprensión. Además de técnicas de comunicación también se emplean habilidades afectivas y de empatía.

3) Habilidades de solución de problemas. Una vez trabajada la base afectiva y el que la pareja pueda escucharse de verdad, sin estar a la defensiva, entendiendo la queja que presenta la otra parte, podemos empezar a buscar soluciones. Para ello será necesario alcanzar un término medio entre la postura de cada cónyuge, llegar a acuerdos, saber pactar y mantener esos acuerdos. En ocasiones puede ser necesario establecer unas consecuencias positivas (o negativas) para el cumplimiento (o incumplimiento) de los acuerdos que hayan alcanzado. Esto puede plasmarse en un contrato conductual que recoja los acuerdos y las consecuencias. Pero para llegar a formular dicho contrato son necesarias sesiones previas donde la pareja se sienta cercana y escuchada entre ellos, y necesitan de una correcta guía por parte del profesional, de lo contrario la plasmación de acuerdos no sirve de nada, pues no se cumpliría.

A lo largo de la etapa de tratamiento pueden emplearse también técnicas de registro para los propios pensamientos y sentimientos.

Finalmente pasaríamos a la tercera etapa, con sesiones más espaciadas, y centrada en la supervisión de los logros alcanzados y en técnicas para la prevención de recaídas.

 

 

Última actualización el Sep162012
   
Ago142012

ADULTOS CON RETRASO MENTAL

Escrito por Jorge Gonzalvo
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El retraso mental se define por un funcionamiento intelectual significativamente por debajo de la media (se toma como medida una puntuación de 70 en CI o inferiores) así como por deterioros o déficits presentes en otras áreas, tales como comunicación, autocuidados, habilidades sociales, autocontrol...). Muchas de las personas que sufren retraso mental presentan además síntomas psiquiátricos (de ansiedad, angustia, estado de ánimo, esquizofrenia...) con lo que nos encontramos ante una situación de diagnóstico doble: déficit intelectual y trastorno mental.

Ante esta situación se puede intervenir en varias áreas, p.ej. miedos, fobias, problemas de aseo, habilidades de comunicación deficientes, obesidad, trastornos de ansiedad, conducta agresiva, conducta autolesiva, depresión, rasgos de esquizofrenia, enuresis, encopresis... Para poder trabajar estos aspectos es necesaria la implicación de los familiares encargados de su tutela.

Se aplican las técnicas habituales para tratar la sintomatología presente cuando no hay retraso mental, y se adaptan en ritmo y aplicación a la situación del paciente con déficit intelectual. Resultan efectivas sobre todo en caso de retraso mental leve, diluyéndose su eficacia con niveles profundos de retraso mental.

 

   
Jul282012

Las demencias que sufren nuestros mayores son un trastorno orgánico de tipo degenerativo y por lo tanto no pueden abordarse desde la intervención psicológica. Sin embargo muchas de las conductas problema asociadas a la demencia si que pueden ser modificadas mediante intervención psicológica, tales como la incontinencia urinaria, deterioro de memoria, conducta de vagabundeo y desorientación, conducta agresiva o agitada y las dificultades para llevar a cabo las actividades de la vida diaria, p.ej. el autocuidado.

A medida que una persona se hace mayor va experimentando una disminución de sus habilidades en múltiples áreas. Así se ve reducida la efectividad del sistema visual (p.ej. hay una menor percepción de la profundidad, se necesita más luz, disminuye la agudeza visual...), del sistema auditivo (los problemas de audición comportan dificultades para entender el habla en general, el habla rápida o entrecortada más específicamente, se pierde nitidez en la audición... y estos problemas pueden suponer también que el anciano se aísle socialmente), del sistema olfativo y gustativo (además de la pérdida de placer en la vida que esto supone, está el peligro de ingerir alimentos en mal estado al no percibir su mal olor o su mal sabor; esto también puede influir en los hábitos de higiene, al no tener percepción de oler mal), sensaciones de tacto-presión-temperatura (disminuye la sensibilidad, lo que supone una pérdida de placer, así como un riesgo, al no percibir temperaturas extremas o daños, y no evitarlos entonces). También hay una pérdida de masa muscular, de masa ósea, se pierde capacidad cardíaca, pulmonar, excretora...  Todas estas situaciones, que son normales por la edad, se ven aumentadas en el caso de la demencia, lo que supone una mayor complicación.

Existen técnicas específicas para tratar las siguientes conductas problema, y contribuir a hacer la vida más agradable al enfermo y a sus familiares/cuidadores.

Una de las posibles conductas sobre la que se puede intervenir es la incontinencia urinaria. Sus consecuencias pueden ir desde el desarrollo de úlceras e infecciones en el tracto urinario, a síntomas de depresión, ansiedad y aislamiento social. La incontinencia puede ser de varios tipos, p.ej. por impulso (sería como una urgencia por orinar, que no se puede contener y se lo hace encima), por presión (p.ej. al reír, estornudar, toser...), por desbordamiento (una pérdida involuntaria de orina pero sin sensación de urgencia), funcional (cuando no se puede, o no se quiere, usar el cuarto de baño de forma adecuada), o mixta, que será una combinación de diferentes tipos. Existen intervenciones psicológicas para tratar este problema, de modo que se reduzca o incluso llegue a eliminarse.

Otra conducta donde resulta posible intervenir es el deterioro de la memoria. Se acompaña a menudo de ansiedad y de temor por que se den otras pérdidas cognitivas, como dificultades de atención, concentración... Existen técnicas para reforzar la memoria o para reducir el ritmo de su pérdida, trabajando sobre todo aquellas condiciones en que el deterioro de la memoria afecta a la conducta del paciente y de los suyos; aunque el paciente no vaya a recuperar nunca el nivel anterior si que puede mejorarse la situación, o al menos desacelerar su ritmo.

La conducta de vagabundeo o desorientación también es sensible a la intervención psicológica. Sus consecuencias puedan llegar a que el anciano se escape de su hogar, se pierda y sufra algún tipo de daño. También se incluye aquí el tocar las cosas, abrir cajones y armarios, y removerlo todo, sin motivo aparente ni explicación alguna. Este vagabundeo puede ser una consecuencia secundaria de la medicación por neurolépticos, lo que sería fácilmente corregible. Pero también puede deberse a otros factores, como p.ej. el vagabundeo por búsqueda de la salida (son personas que buscan la puerta de la calle y la manipulan para lograr salir), por autoestimulación (tocan los pomos de cualquier puerta y parecen estimularse con ello, se activan, sonríen... pero no hay una preferencia marcada por la puerta de la calle; incluso pueden rozar las paredes, dar pequeños golpecitos, reír, aplaudir...) y el vagabundeo por imitación (suele ocurrir en centros, donde los internos se imitan entre ellos).

La conducta agresiva y agitada es también sensible a la intervención psicológica. La agresión puede se verbal, física o sexual; puede dirigirse sobre uno mismo o sobre los demás, y puede ser variable en su nivel de intensidad; cuanto mayor haya sido el nivel de agresividad en la persona previo a la demencia, mayor se espera que sea la agresividad en el periodo de la demencia, y también aumenta cuanto mayor es el deterior cognitivo. Respecto a la conducta agitada, ésta suele ser un continuo ir y venir, gritar, alardear, poner motes, explosiones emocionales, un preguntar continuo... y suele ocurrir con más frecuencia que la conducta agresiva.

Finalmente, se puede intervenir en las conductas diarias para el cuidado de uno mismo, tales como asearse, vestirse correctamente, comer usando los cubiertos, lavarse los dientes, beber, usar el inodoro correctamente...

Última actualización el Jul292012
   

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