Jun182012

TRASTORNOS DEL ESTADO DE ANIMO (2) : DEPRESION

Escrito por Jorge Gonzalvo
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Uno forma de entender la depresión es pensarla desde una frecuencia reducida de conducta: dado que la persona no encuentra ningún beneficio en realizarla, cree que no sirve para nada hacerlo, y cada vez lo hace menos. Poco a poco esto se va extendiendo a otras conductas y abarca cada vez una mayor parte de la vida de la persona. Así p.ej. alguien puede dejar de prepararse unas oposiciones porque no ve resultados positivos en ello, puede pasar a dejar de leer cualquier cosa, aunque no tenga que ver con los estudios, a continuación deja de realizar sus tareas habituales (limpiar la casa, hacer la compra, arreglar el coche...) y puede ir abandonando cada vez más actividades, cayendo en un estado de inhibición propio de los episodios depresivos. Hay que tener también presente que el estado de ánimo depresivo puede deberse a un exceso de experiencias aversivas o negativas, y no sólo a la falta de refuerzos positivos ante las conductas realizadas.

Esta situación resulta difícil de manejar en la familia. Cuando un miembro de la unidad familiar sufre una depresión, los demás miembros no saben bien cómo reaccionar, porque la situación es desconcertante: la persona que sufre depresión expone sus quejas y sus dificultades, y los demás miembros se vuelcan en intentar proporcionar una ayuda y un apoyo sinceros, pero a medida que pasa el tiempo la conducta de la persona deprimida se vuelve cada vez más exigente, con lo que al final sus allegados acaban sintiendo esta situación como un ataque, emocionalmente sienten el deseo de ayudar pero también sentimientos de resentimiento y enfado, y para complicarlo también se sienten culpables e impotentes ante la situación. Cuando se ha llegado a este punto, la persona deprimida, que tiene una enfermedad que hace que se centre más en lo negativo que en lo positivo, deja de percibir la ayuda sincera y básicamente sólo es capaz de ver la hostilidad disimulada, los enfados y la falta de apoyo y comprensión, lo que la hace actuar acentuando su síntomas y esto a su vez vuelve más aversivo para la familia el interactuar con el miembro enfermo. Las familias suelen quedar encalladas en este círculo vicioso.

Para acabar de complicar la situación, la persona deprimida sí que recibe un refuerzo claro: a nivel social percibe la preocupación, el interés y la simpatía que puede generar su situación, lo que desafortunadamente viene a reforzar su enfermedad.

Quien sufre una depresión, además del sesgo hacia la percepción de lo negativo ya comentada, suele tener pensamientos basados en etiquetas generales ("siempre es lo mismo", "nunca lo hago bien", "nunca lo superaré", "nadie me entiende"...) con gran dificultad para ver las excepciones a esos mensajes negativos que él mismo se manda. Además presenta otro sesgo en el pensamiento, ya que infravalora sus logros ("no tiene importancia", "era fácil", "eso no supone nada", "me ayudaron"...) y maximiza sus errores y dificultades ("lo hice todo mal", "no me esforcé nada", "no sé hacerlo, no tengo habilidad"...).

Para llegar a esta inhibición conductual de la que venimos hablando, han tenido que darse unos acontecimientos previos. A modo de esquema podemos entender que hay unos desencadenantes de la depresión; estos pueden ser a nivel "macro", p.ej. acontecimientos estresantes negativos en general, como perder el trabajo, o a nivel "micro", p.ej. los pequeños conflictos diarios que a base de repetirse pueden acabar haciendo mella. Estos desencadenantes, que podemos entenderlos como factores estresantes, afectan a la forma que tiene la persona de interaccionar con los demás, perturbando las relaciones personales, sociales y laborales de tal modo que se reducen los refuerzos y apoyos que existían previamente y aumentan las experiencias aversivas, y esto sucede en un momento en que la persona presenta una elevada consciencia de si mismo, lo que hace que resalten los sentimientos de fracaso, inutilidad, y de que nada vale la pena, y es aquí cuando la depresión puede cronificarse.

Tras haber realizado una correcta evaluación de la persona deprimida, el tratamiento se centra sobre todo en aumentar las conductas que le proporcionen momentos positivos, en la restructuración cognitiva, habilidades sociales y habilidades de solución de problemas, que puede ser conveniente aplicar primero en exposición en imaginación y posteriormente como ensayo conductual. Estas técnicas deben aplicarse en un orden determinado y en combinación con otras.

 

Última actualización el Jun182012

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